Vuelta a España ’99: el «Chava»Jiménez, pionero en profanar el Angliru

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La Vuelta a España, en su obsesión por resistir comparaciones con el Tour de Francia o el Giro de Italia, suele estar abierta a propuestas que hagan crecer el interés de la carrera. En la edición de este año, recién conquistada por el veteranísimo Chris Horner, los corredores han tenido que afrontar once finales de etapa en alto. Una ruta tortuosa coronada por la ascensión, el penúltimo día, al célebre Angliru. Ese puerto infernal de algo más de 12 kilómetros que ha necesitado pocos años para adquirir la categoría de leyenda.

Miguel Prieto, un asturiano aficionado al ciclismo y perteneciente a la estructura del equipo ONCE, fue el primero que difundió las inmensas posibilidades que brindaba aquel coloso de las montañas. Prieto envió una carta a la dirección de Unipublic en la que comparaba al Angliru con el mítico Mortirolo italiano. Casi nada. La organización de la Vuelta tomó nota y decidió su inclusión en el recorrido de 1999.

El 12 de septiembre de ese año, la novena etapa de la ronda española partió de León rumbo a la desconocida cima. Por delante, 175 kilómetros de extrema dureza que, sin embargo, no se preveía que resultasen definitivos. Todavía quedaban varias jornadas hasta llegar a Madrid, paso por Pirineos incluido. L’Angliru no decidiría el vencedor de la carrera, pero realizaría una primera selección entre el grupo de favoritos. El jersey oro de líder pertenecía a Abraham Olano, con Jan Ullrich aguardando su oportunidad. Por detrás de ambos, una nutrida nómina de escaladores en pie de guerra, preparados para atacar a la menor ocasión.

El frío, la lluvia y la niebla escoltaron a los sufridos ciclistas durante los instantes más duros. Las adversas condiciones meteorológicas convirtieron los descensos de La Cobertoria y El Cordal, los puertos previos al Angliru, en un ejercicio de supervivencia. Fernando Escartín (tercer clasificado en el Tour de aquel año) abandonó por una caída y Olano también probó la carretera. Al contrario que el oscense, Abraham se recuperó y pudo volver a conectar con el grupo de favoritos. A su vez, el moldavo Ruslan Ivanov protagonizaba la escapada del día, acompañado por un grupo que se descosió con el transcurrir de los kilómetros.

tonkov

Las hostilidades entre los candidatos al triunfo final se desataron al comienzo de la ascensión definitiva. Pavel Tonkov fue el primero en romper el hielo. El ruso lanzó un duro ataque que no tardó en colocarle en la cabeza de carrera. Con los escapados desfondados, Tonkov marchó hacia la cima mientras el resto de favoritos se resistían a enseñar sus cartas.

Roberto Heras fue el siguiente en moverse, después de aprovechar el inmenso trabajo de Chechu Rubiera (su compañero en el Kelme). El cambio de ritmo de Roberto sólo pudo ser seguido por el Chava Jiménez. Detrás del explosivo dúo, Ullrich y el renqueante Olano peleaban por no descolgarse demasiado.

Parecía cuestión de tiempo que Olano perdiese la rueda de Ullrich, pero la realidad esquivó los pronósticos. Manolo Beltrán emergió de la niebla como un ciclón, alcanzó a Jan y Abraham y les superó sin aparente esfuerzo. En el intento por seguir la estela del Triki, Olano apretó los dientes, se retorció sobre la bicicleta y dejó atrás a Ullrich. Los aficionados que copaban las laderas del Angliru jaleaban el esfuerzo titánico de unos ciclistas al límite de sus fuerzas.

Pavel Tonkov, a lo suyo, seguía firme en el propósito de inscribir su nombre como primer vencedor en la cima. Quizás no sabía que José María Jiménez escondía la misma intención. Al paso por La Cueña les Cabres, un tramo terrorífico con rampas que llegaban al 23%, el impetuoso corredor de Banesto se despidió de Heras. Faltaban menos de dos kilómetros y el Chava, que tenía bien estudiado el puerto, estaba lanzado a la caza de Tonkov.

Jiménez (ganador de cuatro etapas en la Vuelta’98) recortó diferencias con una celeridad inusual y se plantó en los últimos metros con el aliento encima de Tonkov. El difunto Pedro González ya cantaba la victoria de Pavel cuando, entre la densa niebla, el Chava superó al ruso. Jiménez cruzó la línea de meta en primera posición ante la sorpresa general. Había conseguido una de las victorias más importantes de su carrera, pero sus gestos y palabras no evidenciaban una emoción excesiva. Ante el micrófono de Carlos de Andrés, dedicó el épico triunfo al carismático Marco Pantani, sancionado por su positivo en el Giro anterior.

Desde aquella terrible jornada en el Angliru hasta el final de la Vuelta a España hubo cambios significativos. Olano abandonó la carrera por culpa de una fisura en una costilla (consecuencia de la caída en El Cordal) y Ullrich se proclamó vencedor en Madrid. El Chava Jiménez acabó quinto en la general, a más de nueve minutos del teutón.

El pasado sábado, la Vuelta llegó al Angliru por sexta vez. Desde aquel 12 de septiembre de 1999, el ciclismo ha sido sacudido desde distintos frentes. José María Jiménez y Marco Pantani fallecieron en medio de una espiral perversa de drogas y depresiones. Asimismo, Heras, Ullrich, Beltrán o el propio Olano (que, para colmo, ocupaba un cargo de responsabilidad en la dirección de la Vuelta) se han visto inmersos en diferentes escándalos relacionados con el dopaje. Asuntos turbios que empañan la reputación de un deporte exigente hasta límites casi inhumanos. En la lucha por recuperar la credibilidad perdida, resulta esencial la contribución de puertos como el afamado Angliru. El gigante asturiano al que Miguel Prieto colocó en el mapa de la ronda española.

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