Sarunas Jasikevicius en Sydney 2000: la muñeca que desafió a un imperio

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Desde que Estados Unidos se decidió a mandar a los profesionales de la NBA a las competiciones FIBA, los americanos no habían tenido rival en la pista. En Barcelona 92 hicieron soñar a los aficionados de todo el globo, mientras que en el Mundial de Toronto (1994) y en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) ganaron el oro sin demasiadas molestias. En este contexto, no se preveía que Sydney 2000 originase un cambio significativo en la relación tiránica. Dos años antes, EEUU había quedado tercera en el Mundial de Atenas. Una decepción matizable por el equipo presentado por la USA Basketball en territorio heleno. Los jugadores NBA se quedaron en casa en 1998 por el lockout que sacudió durante meses a la mejor liga del mundo. En los Juegos australianos volvieron al traje de gala. Jason Kidd, Gary Payton, Alonzo Mourning, Kevin Garnett, Allan Houston o Vince Carter formaban en un grupo diseñado para conquistar el torneo sin agobios.

La primera fase quedó finiquitada con cinco victorias en cinco partidos. Arrasaron a China, Italia y Nueva Zelanda, pero ganaron por un margen estrecho a Lituania y Francia. La nueva versión del Dream Team parecía más terrenal que sus predecesoras. En cuartos de final despacharon a Rusia y en semifinales aguardaba de nuevo Lituania. El combinado báltico, siempre peligroso al más alto nivel, contaba con jugadores de gran talento ofensivo. Los Jasikevicius, Stombergas, Timinskas o Zukauskas competían sin complejos. Habían demostrado en la ronda previa que eran capaces de crear problemas a Estados Unidos y en el penúltimo escalón hacia la gloria olímpica salieron sin miedo, dispuestos a discutir el claro favoritismo de su adversario.

Su intento no resultó en un tanteador ajustado al descanso (48-36 para los de Rudy Tomjanovich), pero Lituania encontró la llave de entrada a la canasta americana en una segunda mitad espléndida. Los NBA bajaron su producción en ataque y descuidaron la defensa. Más en concreto, minusvaloraron la capacidad de Sarunas Jasikevicius, un base criado en la Universidad de Maryland y recién fichado por el Barcelona. Saras, rebosante de confianza, lideró a sus compañeros hacia la remontada. Estados Unidos se vio en una situación inédita. Una selección FIBA amenazaba con dejarles fuera de los Juegos Olímpicos. El escenario, impensable en la previa, adquirió tintes de realidad según se acercaba el desenlace.

Pero el tiro forzado de Jasikevicius no entró. El mejor de los lituanos (27 puntos, con cinco triples) no pudo culminar la gesta. El Dream Team, humanizado, pasó a la final (85-83), donde se impuso a Francia en un choque sin brillantez, más recordado por el mate brutal de Carter por encima del gigante Weis que por el resultado (85-75). El oro cruzó el océano, pero el aura de invencibilidad de los americanos comenzó a resquebrajarse. La primera derrota llegaría algún día. Y no se hizo esperar mucho. Dos años después, en el Mundial de Indianápolis, Argentina, Serbia y España, por este orden, ganaron a Estados Unidos en su territorio, relegándole a una ridícula sexta posición. La obra de la Lituania de Jasikevicius quedó completada. La época de los paseos militares inaugurada en Barcelona 92, superada.

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