Sacramento Kings: la magia de la seducción

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The greatest show on court” (el mejor espectáculo sobre la cancha). La sentencia, elocuente, figuraba en una portada de febrero de 2001 de la revista Sports Illustrated,  publicación deportiva de referencia en Estados Unidos. La tapa mostraba un posado del quinteto titular de los Sacramento Kings, un equipo electrizante dirigido desde la banda por Rick Adelman: Jason Williams, Doug Christie, Peja Stojakovic, Chris Webber y Vlade Divac. Una formación que muchos aficionados de la NBA recuerdan todavía. Eterna perdedora para los resultadistas, romántica y encantadora a los ojos de los enamorados del baloncesto. La ausencia de anillos en su historial es compensada por el recuerdo colectivo, más generoso con el espectáculo que con los videomarcadores. La memoria retiene mejor la imaginación de Jason Williams, la visión de juego de Webber y Divac o la suave muñeca de Stojakovic que las reiteradas derrotas a las puertas del éxito. Por fortuna.

Son frecuentes los ejemplos de grandes equipos frenados en sus aspiraciones por figuras irrepetibles. En los 90, Michael Jordan cercenó los sueños de gloria de Portland, Phoenix, Seattle o Utah. Tras la retirada de MJ y el desarrollo de un curso dominado por los Spurs de Robinson y Duncan, emergieron los Lakers de Phil Jackson, el ex técnico de Michael. La franquicia angelina, después de un periodo de secano, se reconstruyó en torno a un pívot cuyo dominio en la zona abrumaba a los rivales: Shaquille O’Neal. Los mejores años como profesional de Shaq, apoyado por el talento inagotable del joven Kobe Bryant, coincidieron con la época más brillante de los Kings. Una casualidad de consecuencias funestas para Sacramento, eliminado de los playoffs por los Lakers en tres temporadas consecutivas: 1999-2000, 00-01 y 01-02. Un obstáculo amarillo inmune al alegre y despreocupado ataque del bloque de Adelman, que se quedó sin conejos en la chistera para contrarrestar a O’Neal y Bryant, la pareja más demoledora de la NBA. Pero antes de profundizar en esta famosa rivalidad entre californianos conviene retroceder unos años. ¿Cuál fue el origen de los seductores Kings?

1998, el punto de inflexión para un equipo del montón

Desde 1985, año de la llegada a Sacramento, hasta 1998 los Kings sólo habían alcanzado dos veces los playoffs. Apenas había vida más allá de la presencia del all-star y medalla de oro en Atlanta’96 Mitch Richmond. La edificación de un bloque de garantías corrió a cargo del general manager Geoff Petrie. Geoff sabía que la única posibilidad de remodelar a la plantilla con eficacia era involucrar en un traspaso a Richmond. Así, consiguió cerrar la adquisición del ala-pívot Chris Webber el 14 de mayo de 1998.

La apuesta por Webber a cambio de Mitch (y Otis Thorpe) implicaba una confianza absoluta en su potencial para liderar un equipo consistente. Rookie del Año en 1994 y all-star en 1997, Chris podía mirar a la cara a los mejores jugadores interiores de la Liga. Anotaba con fluidez en el poste, pero poseía unas facultades que trascendían la mera consecución de canastas. Era capaz de repartir asistencias con una facilidad inusual en un hombre de su envergadura. Petrie veía en él al eje adecuado para un modelo determinado por la elección en el banquillo. Rick Adelman fue seleccionado para comandar el nuevo proyecto. El ex entrenador de Blazers y Warriors, ayudado por Pete Carril (creador del ataque Princeton), dotó a los Sacramento Kings de un estilo muy reconocible: robar el balón, correr, cortar, pasar al compañero mejor colocado y tirar. Apología del juego colectivo sin miedo al error. La fe en un estilo. Trasladar esta idea a la cancha no resultó complicado tras la elección en el draft (número  siete) de Jason Williams y el fichaje del agente libre Vlade Divac. También llegó otro yugoslavo, Peja Stojakovic, escogido en el draft de 1996. Peja apenas había cumplido 21 años, pero su trayectoria en el PAOK de Salónica (máximo anotador de la Euroliga y MVP de la liga griega, entre otros logros) invitaba a la confianza. Stojakovic encontró en el experto Divac a un valedor perfecto dentro y fuera de la pista. “Él era mi mejor amigo en el vestuario”, reconoce Vlade a Cuadernos de Basket. Con estas operaciones, la franquicia estaba preparada para el comienzo, retrasado por el lockout, de la temporada 98-99.

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Los Kings, otrora un conjunto del montón, impactaron desde el inicio del curso bajo la batuta imprevisible de Williams. El atípico base, procedente de la Universidad de Florida, tenía problemas para leer los ataques estáticos. A cambio, regalaba una cantidad ingente de acciones brillantes a campo abierto. Era un jugador de patio de colegio, capaz de otorgar un dinamismo insólito a Sacramento a costa, eso sí, de convertir muchos partidos en una ruleta rusa. Jason cerró el año con unas estadísticas notables (12,8 puntos y seis asistencias por encuentro en regular season), que le valieron para entrar en el equipo ideal de rookies.

Sacramento comenzaba a ser un conjunto competitivo, aunque todavía le faltaba cocción y estabilidad como bloque (fue el que más puntos anotó y el que más canastas recibió en temporada regular). Los Utah Jazz de Stockton y Malone testaron el crecimiento de los nuevos Kings en la primera ronda de los playoffs. El genial dúo lideraba un equipo marcado por las dos finales perdidas ante Chicago. Los chicos de Adelman estuvieron a punto de clasificarse para las semifinales de Conferencia, pero Utah se impuso en la prórroga del quinto encuentro de la serie (99-92). El año se cerraba con un resultado decepcionante, que, sin embargo, no podía ocultar el crecimiento de un grupo imbuido de sueños de grandeza…

Puedes leer el resto del reportaje en el número 5 de Cuadernos de Basket 

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