Málaga 2001: la Copa que destapó el «fenómeno Gasol»

publicado en: Baloncesto | 0

 

El tremendo potencial de ese joven imberbe que respondía al nombre de Pau Gasol permanecía parcialmente oculto bajo el velo que formaban su edad y el escaso protagonismo del que disponía en el F.C. Barcelona, el equipo de su vida. Pau se había instalado en la primera plantilla azulgrana en la temporada 1999-2000, pero aquel curso fue un suplente sin demasiados minutos. Un peaje razonable ante la exigencia competitiva que rodeaba (y rodea) a la institución catalana. Aíto García Reneses podía intuir que aquel ‘3-4’ espigado (2,15 metros) tenía cualidades de sobra para triunfar. Había formado parte de la deslumbrante selección junior que regresó de Lisboa con el oro mundial al cuello el verano anterior. Sin embargo, las prioridades en un club grande están orientadas a la obtención de títulos. Así, rodeado de jugadores internacionales y experimentados, Gasol se movía en torno a los diez minutos por partido. Esta realidad no le impidió asomar la cabeza en algún compromiso relevante, como aquel choque de cuartos de final de Copa del Rey contra el Madrid en el que logró 15 puntos y seis rebotes mientras forzaba siete faltas. Muchos pidieron su convocatoria para los Juegos Olímpicos de Sydney, pero Lolo Sainz no lo consideró oportuno (al contrario de lo que pasó con sus compañeros de generación Juan Carlos Navarro y Raül López, que sí fueron seleccionados).

El Barcelona no acabó bien el curso 99-00 (derrota en la Final Four contra el poderoso Maccabi Tel Aviv y en el quinto partido de la final de la ACB ante el Madrid), circunstancia que originó cambios en la plantilla. Además del regreso de Arturas Karnisovas, destacaron las incorporaciones del desequilibrante base Sarunas Jasikevicius (pesadilla del ‘Dream Team IV’ en Sydney) y del pívot estadounidense de origen libanés Rony Seikaly. Este último llegó a la Ciudad Condal con más de una década de experiencia NBA a cuestas. Tenía 35 años y un físico castigado, pero, al menos en apariencia, poseía la calidad suficiente para dominar en el baloncesto europeo. Con ese fin fue reclutado bajo un contrato récord en la historia de la sección (300 millones de las antiguas pesetas por una temporada). Lejos de triunfar, acabó en la calle antes de Navidades después de una serie de faltas de disciplina que desbordaron la paciencia de Aíto. El veterano Zoran Savic fue fichado en enero para reforzar un juego interior debilitado. De todas formas, las opciones de éxito del Barça pasaban porque todos los hombres altos dieran un paso adelante en sus prestaciones.

En esas apareció, imponente, la figura de Pau Gasol. El joven criado en Sant Boi ganó experiencia y minutos con el paso de los partidos, coronando su progresión con una actuación colosal en el primer ‘clásico’ de la ACB 2000-2001. El 9 de diciembre, se alió con su socio predilecto, Navarro (19 puntos), para castigar de nuevo a su presa preferida. El Real Madrid contempló en primer plano un despliegue técnico y físico insólito en un veinteañero. Firmó 20 puntos y 8 rebotes, claves en la paliza del crecido Barça al eterno rival (82-54).

Un 2,15 ligero capaz de moverse con la soltura de un alero, sin problemas para botar la pelota, rebotear, taponar, recorrer la pista en pocas zancadas o tirar desde varias posiciones. Así era Pau Gasol. Un jugador bisoño de físico todavía endeble, pero dotado de un talento bruto descomunal, que tenía a varios ojeadores de la NBA pendientes de sus evoluciones. Una operación de apendicitis a comienzos de 2001 le tuvo algunas semanas parado. A principios de febrero, vio desde la barrera la eliminación en Euroliga contra la Benetton. Pau regresó preparado para asombrar en la Copa del Rey de Málaga, el recordado torneo que cambió su vida.

El Barça llevaba siete temporadas sin levantar el segundo trofeo nacional más importante. Demasiado tiempo. Gasol se propuso acabar con la sequía desde el primer día. Desde el momento en que saltó al Martín Carpena para enfrentarse al Fuenlabrada. El conjunto de Aíto finiquitó la prueba inicial (98-76) apoyado en la convincente actuación de Digbeu y, por supuesto, en los números de Pau. Las miradas, examinadoras y curiosas, de ojeadores NBA, periodistas y aficionados estaban puestas en él, pero la presión no encogió su muñeca. Acabó con 16 puntos y ocho rebotes. En semifinales, contra el Valencia (verdugo de los catalanes en la Copa de 2000), registró una tarjeta similar (13 puntos y cinco rebotes). El Barcelona, con ocho jugadores por encima de los diez puntos de valoración, machacó a los de Luis Casimiro sin contemplaciones (69-95).

Por su parte, el Real Madrid de Sergio Scariolo avanzó también hasta el partido decisivo gracias a dos triunfos, más ajustados, ante Unicaja y Cáceres. Tras la dura y polémica final ACB del curso anterior, blancos y azulgranas volvían a cruzarse en la lucha por un título. La plantilla culé era, en apariencia, superior, pero también lo parecía meses atrás, cuando Djordjevic, eufórico, acabó levantando los brazos frente a un Palau enfurecido. En la Copa del Rey nunca ha habido lugar para los excesos de confianza y sí para los arrebatos de personalidad y talento, decisivos en un torneo tan corto. En este escenario, el prometedor Pau Gasol decidió exhibirse ante el baloncesto español y europeo.

El Real Madrid, víctima impotente de un superclase

El 18 de marzo de 2001, ante más de 8.000 espectadores entre los cuales se encontraba el rey Juan Carlos, 25 puntos, seis rebotes, tres asistencias, tres recuperaciones, un tapón y ocho faltas recibidas fueron los principales responsables de que el título volara a Barcelona. El resultado: 80-77. Esta ficha deslumbrante (39 de valoración) llevó la firma señorial de Pau, muy acertado ante el aro. Sus continuos viajes a la línea de tiros libres en los instantes finales no resultaron un problema (12/14 desde la distancia). Fue el jugador del Barcelona que más tiempo estuvo en pista (31 minutos), señal inequívoca de su importancia capital en los esquemas de Aíto. Unos meses atrás era un elemento más en la rotación. Después de su majestuoso papel copero se consolidó como el eje sobre el que debía rotar la ofensiva azulgrana. “Desde los tiempos de Drazen Petrovic, no he visto dominar a nadie como lo hace Gasol”, afirmó elocuente Scariolo, cuya pizarra se quedó sin respuestas ante el brutal despliegue del prodigio barcelonés.

Alberto Herreros (25 puntos, 18 al descanso) actuó como el principal elemento de resistencia al ‘fenómeno Gasol’, pero su brillante desempeño no pudo impedir la victoria del Barça, fraguada en el tercer cuarto. La igualada final resultó ser un ejemplo perfecto del traspaso de poderes entre la vieja guardia y la nueva generación. De Herreros a Pau y Navarro. El futuro del basket nacional descansaba, como el paso de los años ratificaría con creces, en buenas manos y excepcionales cabezas.

“Es casi imposible que me vaya a la NBA este año”, sentenciaba el flamante MVP de la Copa del Rey en medio de la celebración con sus compañeros. No quería marcharse para calentar banquillo. La perspectiva del asunto cambió según avanzaban las semanas. Decidió solicitar a la NBA por carta (debido a su condición de menor de 22 años) la inclusión en el ‘draft’. A medida que las previsiones le situaban en las primeras posiciones, la decisión de desembarcar en la mejor liga del mundo resultó irrevocable, pese a la elevada cláusula de rescisión del contrato con el Barça (casi 600 millones de pesetas). Entre tanto, lideró una nueva conquista de su club. La Liga ACB cayó del lado blaugrana después de otro cruce contra el Real Madrid, resuelto en tres partidos. Gasol siguió a lo suyo y machacó las ilusiones blancas por enésima vez como quien bebe un vaso de agua. Con el merecido MVP de la final todavía reciente, voló a New York. El 27 de junio de 2001, en el célebre Madison Square Garden, Atlanta Hawks eligió a Pau en el tercer puesto del ‘draft’ (hasta esa fecha, el número más alto de un europeo sin pasar por una universidad americana) y le traspasó a Memphis Grizzlies a cambio de Shareef Abdur-Rahim. Todo lo que ocurrió a partir de entonces (y lo que pasó antes, claro) es historia viva del baloncesto español, europeo y mundial. Escrita por Pau.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.