Juegos de Sydney 2000: el protagonismo imperfecto de Ian Thorpe

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La extraordinaria carrera de Michael Phelps, salpicada de medallas olímpicas y récords mundiales, finalizará tras los Juegos de Londres. Dejará la natación con 27 años, agotado por las exigencias y presiones de la competición. Su trayectoria, marcada por un éxito precoz y un hastío prematuro, recuerda a la de Ian Thorpe, la gran sensación de la natación global en el cambio de milenio.

El portento australiano (cercano a los dos metros de altura y con más de un 50 de pie) explotó dos años antes de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. En los Mundiales de Perth, en 1998, se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia. Ian tenía 15 años cuando batió a su compatriota Grant Hackett en la final de los 400 metros libres. La exhibición del bisoño nadador alertó a los expertos. Según se acercaban los Juegos, casi nadie dudaba de que Ian estaba preparado para dominar la piscina sin contemplaciones.

Thorpe acudió a la cita olímpica en su mejor forma. Era el ídolo local, y como tal iría al encuentro de la historia acompañado por los aficionados del Centro Acuático de Sydney. Abrió la competición machacando a sus rivales en los 400 metros libres. Ese mismo día contribuyó a la victoria de Australia en el 4×100 estilo libre, por delante de Estados Unidos. El siguiente reto eran los 200 metros libres. También ahí, para variar, partía como favorito.

Sin embargo, el tercer desafío prometía dificultades mayores. Pieter van den Hoogenband, especialista en pruebas de velocidad, cuestionó la supremacía del aussie en semifinales, donde consiguió el récord mundial de la distancia. Esta circunstancia fue relativizada por la costumbre que tenía Thorpe de mejorar sus registros en el momento clave. La final opositaba para convertirse en una de las secuencias más recordadas de los Juegos de Sydney. Claramente, cumplió con las expectativas.

Fueron 200 metros memorables. Van den Hoogenband estuvo a un nivel colosal y no se desestabilizó cuando Ian atacó su liderato mientras encaraba los últimos 50 metros. Por el contrario, resistió con entereza hasta que tocó pared. El holandés se llevó las manos a la cabeza mientras asimilaba su hazaña. Había superado al mejor con un registro excelso (1:45.35, nueva plusmarca mundial). El italiano Rosolino se llevó el bronce. Aquel resultado significó un tachón en el expediente inmaculado del fenómeno australiano.

La derrota contra Van den Hoogenband dejó un poso doloroso en Thorpe. Ian cerró su participación en los Juegos Olímpicos con otro oro (arrasó con sus compañeros del 4×200 estilo libre) y una nueva plata (4×100 estilos). Se marchó de Sydney con cinco preseas, tres de ellas doradas. Una cosecha espectacular, pero insuficiente para sus ansias de gloria. El joven prodigio esperó lo justo para enseñar a Pieter que lo ocurrido en Australia no iba a volver a repetirse. El Mundial de Fukuoka, en 2001, resucitó la rivalidad instaurada un año antes, pero en esta ocasión Thorpe marcó territorio con grandeza. Superó al holandés en la final de los 200 metros libres (récord mundial incluido) y restauró el orgullo mancillado. No conforme con eso, reventó el cronómetro en las pruebas de 400 libres y 800 libres, y completó su despliegue con otros tres triunfos: 4×200 libres, 4×100 libres y 4×100 estilos. Thorpe consiguió seis oros en tierras japonesas. Estaba en la cima de su carrera cuando todavía no había cumplido los 20 años. Una salvajada similar a las que protagonizaría más tarde Michael Phelps.

El oceánico continuó acumulando medallas en los cursos posteriores (incluidas dos nuevas victorias sobre Van den Hoogenband en 200 metros libres en el Mundial de Barcelona y los Juegos Olímpicos de Atenas), pero su influencia sobre la natación menguaba mientras emergía el poderío de Phelps. Los problemas físicos y la falta de estímulos competitivos lo alejaron de la cúspide hasta conducirlo a la retirada en 2006. Thorpe se fue con 24 años, después de ganar todo lo que se propuso y más.

En 2011 anunció su vuelta a la competición con los Juegos de Londres en el horizonte. Por lo visto, no fue una buena idea. A una distancia sideral de su mejor forma, Ian no ha podido clasificarse para ninguna prueba olímpica. Un retorno desafortunado que no debe absorber los múltiples días de gloria. Aquellas jornadas en la piscina en las que aparentaba ser imbatible. Para todos menos para Pieter van den Hoogenband, que pudo frenar al fenómeno a costa de excitar su impulso ganador. Los 200 metros de Sydney no le salieron gratis al holandés, pero la medalla de oro no se la quitará nadie. Igual que nadie le arrebatará a Thorpe su botín: cinco oros olímpicos, 11 títulos mundiales y 13 récords individuales. De escándalo.

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