Copa Masters de 2005: las inolvidables vacaciones de David Nalbandian

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El anuncio de la retirada de David Nalbandian ha provocado en los aficionados al tenis un pensamiento recurrente, a mitad de camino entre la nostalgia y la rabia: “Fue muy bueno, pero podría haber sido mucho mejor”. Claro que podría haber sido mucho mejor. Unas veces las lesiones, y otras la falta de la motivación y el espíritu competitivo exigibles en la élite, minaron las posibilidades deportivas de un talento puro excepcional. Su palmarés no enseña ningún Grand Slam. En esencia, porque fueron pocas las ocasiones en las que Nalbandian acudió a una gran cita al 100% física y mentalmente. Cuando lo conseguía se sentía capaz de todo. Podía ganar a cualquiera.

En noviembre de 2005, Roger Federer decoraba su casa con seis trofeos de Grand Slam. Gobernaba la ATP sin concesiones y venía de triunfar en Wimbledon y el Open de Estados Unidos. Con semejantes credenciales, resulta lógico que fuese el principal favorito para conquistar la prestigiosa Copa Masters de Shanghai, el Torneo de Maestros.

En aquel momento, David Nalbandian tenía 23 años y presentaba una final en Wimbledon (2002) como resultado más destacado en un Grand Slam. Federer sabía por experiencia propia que el argentino era un rival de cuidado cuando se levantaba de la cama inspirado. De hecho, Roger había caído ante David en la final junior del Open de Estados Unidos de 1998. Un mal precedente que no inquietaba a Federer antes de la Copa Masters de 2005. Principalmente, porque Nalbandian ni siquiera estaba clasificado para el evento. David disfrutaba de sus vacaciones en Argentina cuando fue instado a viajar a Shanghai en sustitución del lesionado Andy Roddick. De repente, el prometedor tenista cordobés se vio encuadrado en el Grupo Rojo, junto a Federer, Ljubicic y Coria.

Roger fue su primer rival. Cosas que pasan. La máquina suiza ganó en tres sets. David, lejos de venirse abajo, venció en los dos partidos restantes. Nalbandian demostró un estado de forma excelente, ratificado con una victoria autoritaria frente a Davydenko en semifinales (6-0 y 7-5). El argentino se plantó en el último día de competición con sensaciones inmejorables. Lo malo era que Federer volvía a cruzarse en el camino y tampoco andaba mal. Accedió a la final tras barrer a Gastón Gaudio por un doble 6-0. Roger cumplió con su rol de favorito en las dos primeras mangas, aunque necesitó del tie-break en ambas. El duelo se encaminaba a una resolución rápida. Ese día, sin embargo, Nalbandian estaba iluminado. Reaccionó con coraje y forzó el quinto set después de dos espectaculares parciales (6-2 y 6-1). Federer, recién recuperado de una lesión en el tobillo y con el muslo derecho dolorido, se sentía vulnerable. Más aún cuando su inspirado adversario arrancó la manga definitiva con un botín de cuatro juegos consecutivos. Nalbandian acariciaba la copa, pero el campeón suizo se revolvió contra su destino. Protagonizó una remontada increíble y, con 6-5 a favor, sirvió para ganar el Torneo de Maestros.

El desenlace, salpicado de puntos de enorme belleza, resultó dramático para los intereses del número uno. Nalbandian levantó un 30-0, rompió el saque de Federer y forzó el tercer tie-break de la final. Esta vez, el resultado de la muerte súbita le sonrió. Una derecha marrada por Roger consumó un triunfo de película, gestado en algo más de cuatro horas y media (6-7 (4-7), 6-7 (11-13), 6-2, 6-1 y 7-6 (7-3). El tenista que estaba de vacaciones había ganado al prodigio helvético, que llevaba 24 finales ganadas de forma consecutiva. Nalbandian realizó en suelo chino una declaración de intenciones para el futuro cuyo eco se apagó a lo largo de una carrera irregular, trufada de momentos magníficos y temporadas para olvidar.

 

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