Semifinales Mundial de Brasil: con Bergkamp y Ronaldo en el recuerdo

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Brasil-Alemania y Holanda-Argentina. Estas fueron las semifinales del Mundial que acaba de finalizar. Difícil imaginar un cartel mejor. Entre las cuatro selecciones sumaban diez títulos. En realidad entre tres, porque Holanda, finalista en 1974, 1978 y 2010, todavía no ha conseguido levantar la copa de campeón. Son cuatro de las camisetas con más peso en la historia del fútbol. Pura aristocracia. Un aura cimentada en los trofeos obtenidos y en la lustrosa nómina de jugadores que han vestido cada elástica. Dos de esas figuras fueron Ronaldo Nazario y Dennis Bergkamp. Sus nombres aparecen enmarcados cuando alguien se detiene a pensar en precedentes mundialistas. No resulta extraño. Basta con refrescar un poco la memoria.

Cuartos de final Francia ’98: Holanda 2-1 Argentina

El 4 de julio de 1998, el Vélodrome de Marsella acogió un esperado duelo. Se enfrentaban la Holanda de Hiddink, siempre cuidadosa con el balón, y la Argentina de Passarella, un conjunto rocoso con suficiente talento para amargar a cualquiera. Kluivert adelantó a Holanda (tras una cesión con la cabeza de Bergkamp, por cierto) en el 12 y el Piojo López empató cinco minutos después. A partir de ahí pasaron varias cosas; entre ellas dos tremendos disparos del Burrito Ortega y Batistuta al poste y dos expulsiones, de Numan y el propio Ortega (por una agresión a Van der Sar). Se avecinaba una prórroga agónica entre dos equipos diezmados. El guion parecía escrito salvo sorpresa de última hora.

La sorpresa llegó en el 89. Lo hizo en forma de genialidad inolvidable. Dennis Bergkamp era un futbolista con unas condiciones técnicas casi inigualables. Eso lo sabía cualquier aficionado. Lo que nadie se imaginaba es que se lo recordase al mundo en un momento tan especial. Frank de Boer realizó un sensacional pase desde su campo hacia la carrera de Bergkamp. Del resto se ocupó el delantero del Arsenal. Controló el balón con un gesto lleno de plasticidad y elegancia, se zafó de Ayala en una baldosa y mandó el cuero a la escuadra de la portería de Roa con el empeine interior de su pierna derecha. Una secuencia mágica de unos pocos segundos con la que hechizó a un eficaz zaguero y a uno de los arqueros de moda. Lo celebró sin estridencia. Se tumbó en el suelo y extendió los brazos en señal de victoria mientras los espectadores de medio mundo permanecían boquiabiertos.

Holanda pasó a semifinales, donde cedió en los penaltis contra Brasil. La verdeamarela caería en la final ante la anfitriona, en un partido recordado por el doblete de Zidane y la oscura actuación de un Ronaldo mermado. Cuatro años después, el fenómeno brasileño se resarciría con creces.

Final Corea y Japón ‘02: Alemania 0-2 Brasil

Nos situamos en el Estadio Internacional de Yokohama, el 30 de junio de 2002. Brasil y Alemania llegaban a la última estación del Mundial de Corea y Japón. La Canarinha, dirigida por Scolari, partía como favorita avalada por su temible tridente ofensivo: Ronaldinho, Rivaldo y Ronaldo. Ninguno de ellos, por diferentes motivos, pasaba por el mejor momento de su carrera, pero poco importaba. Eran demasiado buenos. Al otro lado del campo aguardaba la Alemania de Kahn, Ballack y Klose. Otro trío excepcional que, por desgracia para los intereses teutones, comparecía incompleto. Ballack, sancionado, no pudo pisar el césped.

Esta final siempre será recordada como el partido de Ronaldo. El día soñado de un jugador especial al que muchos daban por acabado. Machacado por sus problemas en el tendón rotuliano de la rodilla derecha, se pasó los años anteriores al Mundial 2002 entre quirófanos y sesiones de rehabilitación. Scolari le convocó para jugar en Corea y Japón, pese a que sólo había podido disputar unos pocos encuentros en el curso que acababa de finalizar. Su rendimiento, por tanto, era un completo interrogante.

Ronaldo, sin exhibir el arrollador físico de antaño, conservaba una precisión de cirujano que se potenció rodeado de jugadores tan imaginativos como letales. Los resultados no se hicieron esperar.  Se apuntó cuatro goles en la primera fase (uno a Turquía, uno a China y dos a Costa Rica), uno en octavos a Bélgica, otro a Turquía en semifinales y los dos con los que Brasil despachó a Alemania en la final de Yokohama.

El combinado de Völler dio la cara en todo momento, pero Ronaldo se la partió dos veces. La primera, propiciada por un error de Kahn al intentar blocar un disparo de Rivaldo. El atacante del Inter fue el más rápido para aprovechar el rechace y empujar el balón a la red. La segunda, en una acción que definió perfectamente al nuevo Ronaldo. Kleberson asistió desde la banda derecha, Rivaldo dejó pasar el esférico entre sus piernas y Ronnie, tras un control orientado en el borde del área, alojó la pelota en la red con un toque perfecto que entró junto al poste izquierdo de la portería alemana. Oportunismo, frialdad, precisión, efectividad. Ronaldo había vuelto. Florentino Pérez tomó nota de ello.

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